viernes, 18 de junio de 2010

Condenado

La vida es esto, repitías
y el eco deambulaba
con su sombra apaciguadora.
Su llegada aludía
al desespero y los anhelos.
En su exilio, sofocada,
la muerte de barro.

En el papel dos caras.
Al norte dos estrellas
detrás de los barrotes, lejos del moho.
Al oeste campos llanos.
La niñez que fue ya no juega.

Fijas tu rostro sobre mis lágrimas.
Tu juego pervierte,
su condena es abismal.
Eres otra, la de ayer,
la de septiembre,
la que nunca fue,
la que olvidé mañana.

Pero tu voz llega
mil timbres con un millón de tonos,
hasta saciarse evocan tu fuego,
tu risa,
la complicidad con tu sombra.
Esfinges gemelas,
lascivas,
tú y ella.
¡No, otra vez no!

Hoy aunque callo, respondo
Tú no adivinas, no viniste a eso,
lo grito en silencio.
Dibujo en el horizonte,
describo las nubes.
Tú solo juegas a tu vida.

Nos movemos,
las montañas se mueven, vamos hacia ellas,
pero no juntos ni a la vez.
No te importa quién sea
o para quién es el dolor.
Tu juego es de sonrisas.
Tu juego es de ceniza.

Mi polvo te inquieta,
tal vez te seduce,
mi sojos te incitan.
te aman
y en tu juego no importa,
solo importa la máscara.
Lo que no somos.

Tu juego me invita y es rechazado.
No por mí, no soy yo quien lame el dolor,
es el otro que me habita.
El condenado,
el verdugo de mi pasión,
el que te ama más que yo,
Al que no quieres en tu juego.

El que vive donde no debe,
Al que le hablas y no convences,
al que miras y se esconde,
el que pervierte los conceptos:
Ayer, sombras, nubes, vida, muerte,
lujuria, sexo, tierra, cariño, risas.
¿Qué son para él?
Jamás querrás saberlo.
Y hasta entonces yo callaré.

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