viernes, 27 de agosto de 2010

Drogas y versos

Piel sabor a mar, a enorme desolación;
pelo como colas de quetzal; casi sagrado.
Humo dulce,
como la sensación de la aceptación
entre desconocidos e  iguales,
 sin la negativa a consolidar
los cimientos de la risa
con una lluvia de tragos
de cervezas y tequila.
El frío se va,
se aleja entre los dedos de metal
y mi espalda salada; en este mar desolado
que es mi templo, mi figura.
 
Ya no se por qué lo intento,
pero aún sudo versos,
como un obseso.
Será el asco pegajoso
de una envidia sana y patológica;
será esta, acaso, la única forma
de huir de la propia saliva.
Esta silla acabará robándome la piel;
la mesa la tinta; y todo el papel arderá
hasta no ser más que polvo negro;
arderá como arde el mundo 
entre la avaricia, la codicia y el conformismo;
arderá como ardo yo, entre suspiros
de ignorancia y preguntas eternas.
Preguntas de miedo sin miedo;
de éxtasis sin placer; de horas sin días;
de montañas, cruces  y símbolos perdidos
entre versos ilusos, a los que yo sólo aspiro.
¿Por qué?

sábado, 21 de agosto de 2010

Balcón. Luces. Ciudad.

I
Qué importa un trago más,
amarga miel;
dulzura cicatrizadora.
Imágenes líquidas deformadas
a través del ojo-cristal,
templadas en la razón-hielo.

 II
Maldita costumbre,
extraña y desesperante
condición de humano;
hermandad con los otros;
semejanza en lo vano;
desperdicios y remordimientos
en lo único:
en lo creativo.

III
Qué importa el humo,
intoxicador reposo;
ardor envolvente.
Reflexiones volátiles
esparcidas por el aire-realidad,
abducidas por el mundo-luz

IV
Siniestros ritos,
evocadores y sacrílegos
deseos de crecer;
junto a las emociones;
las razones; los cuerpos
enmascarados de instintos,
verdugos del intelecto:
muertes del yo.

martes, 17 de agosto de 2010

Desesperación

Su cuerpo desnudo.
Las gotas frías de mis ojos
acechando entres sus poros,
desinfectando la piel
de sus recuerdos.
Pero...
¿Yo soy el agua?
¿La espuma?
¿El jabón?

¿Dónde estoy yo
cuando no soy yo
el que está aquí?
¿Quién soy yo
cuando estoy apartado,
alejado,
encerrado en mí?

¿Soy el que camina,
el que bebe,
el que ríe,
el que llora,
el que odia,
el que olvida?
¿El que no puede hacer nada
de lo que cree que hace
o lo que debería hacer?

¿Quién se esconde detrás de mí,
cuando giro y giro sobre mi eje
de intelectualismo podrido?
¿Es eso lo que huele?
¿O es mi alma que revienta y me impregna de su hiel?
Tan amarga como el más dulce de los tragos
del amor que jamás creí probar.

¿Qué es el amor?
¿A qué sabe su néctar en un paladar extremo,
untado de incomprensión auto-infligida?

Que me diga ella porqué aún reza y cree
en el perdón, en el olvido eterno,
en la vuelta a la pureza.
¿Yo creeré lo que cree?
¿Amaré lo que ama?
No me dejaré vencer cuando gane
y la vida seguirá,
hasta la próxima tentación.

¿Recuerdas cuando subimos a ese alto monte
con vistas al subconsciente?
¿Qué viste?
¿Quién lo habitaba?
Yo recuerdo el sabor de su gracia:
risas efímeras,
inventadas por el azar,
puestas allí para ser interpretadas
por mí y por ti,
por nadie y por todos.

¡Oh, el rabioso placer carnal!
¿Cuándo se volvió tortura espiritual?
¿Por qué lo hizo?
Acaso fui yo quien clamó su desfiguramiento,
siete veces como escribió el profeta,
el sabio que ahora teme su despertar
y el mio,
pues de rencor bañamos nuestros nombres,
sin conocerlos jamás.
Pero yo todavía soy humo,
solo soy humo.
Y tu llegarás a ser cielo, aire, vida y guerra.
Yo sólo advertiré tu dominio esfumándome,
apagándome,
esparciéndome en ti.

Sin parar,
sin morir.


lunes, 9 de agosto de 2010

De la conciencia

Lavar la conciencia;
pulirla y embellecerla;
maquillar su imagen; adornarla;
vestirla de santidad;
insinuarla ante la lujuria y el amor;
esconderla de los vicios y las virtudes;
contradecirla para confundirla,
engañarla y arrastrarla
hasta el más podrido rincón
de la palabra;
encerrarla y sodomizarla
hasta que implore,
entre gritos, llantos y remordimientos,
piedades, amores y verdades
que de mi pluma no saldrán.

Yo callaré y ella esperará,
cansada pero pulcra
el instante en que estallará
y se mostrará como es;
de vileza atroz;
rencorosa y justiciera.

No podré escapar
de su defloración, me derramaré
por suelos de lodo,
seré verdades ocultas,
seré complejos y traumas amontonados;
seré paranoias sucias recurrentes;
seré sudor de razonamientos exhaustos
y todos lo sabrán;
me mostraré tal como soy.


jueves, 5 de agosto de 2010

Rememorando

Lo intenté.
Quise amar como se aman los adolescentes;
en su mentira pre-fabricada.
Con la ilusión de poseer las sensaciones
propias y ajenas;
atarlas y aferrarlas a mi,
mientras beso un cuerpo;
cualquier cuerpo con brazos delicados; 
cualquier cuerpo con piernas lisas,
brillantes;
cualquier cuerpo con pechos esculpidos
con bondad natural y salvaje.
Cuerpo con una cara que contagie
su alegría,
con sus labios agradecidos y ojos
cómplices de mis caricias.
Pero no pude tener 
bajo mi manto de deseos, 
controlada la pasión,
confundida entre mi adicción
a la lujuria.

***

Quise recorrer las nubes
descalzo y sin motores;
sobrevolar el reflejo de su furia, 
sobre los océanos;
contemplar sin compadecerme
la muerte en el olvido 
de los que buscaban la fe
más allá de sus dominios;
soplar las gotas que hundirían
barcos invencibles en otros tiempos,
o en otros mundos:
sus mundos.

***

Quise acompañar a una sombra
viva y cautivadora
en su travesía por la tierra,
infestada de seres amorfos, 
criaturas fantásticas, reales en los sueños;
quise acariciar sus rostros, 
graciosos,
 con pelos quemados,
su piel frágil;
tan frágil como ellos 
cuando mis nubes,
mi guerra, 
mis relámpagos 
y mis truenos 
los ahuyentasen hacia una muerte
deseada desde mis alturas;
muerte de agua, 
de vida que se da y se quita
en los cielos arquetípicos.
La ley de la naturaleza.

***

Quise infiltrarme entre mis iguales;
dormir, comer, cantar y bailar con ellos.
Quise crear obras sublimes; 
adorar las artes;
sacrificar mis dones
y alzar la  ofrenda 
hacia cualquiera de tantos dioses
que son uno:
el azar.


***
Quise distinguir la pureza entre tanta máscara.
Quise recordar, imaginar, inventar,
el por qué de que esté aquí;
y por qué ahora;
por qué deambulo 
entre tanta espesura.
Azules, negras, verdes y rojas
las espinas que se clavan en mi,
a mi cuerpo, pequeño y dócil,
perdido entre toda esta tinta,
en este mar de símbolos
confusos e improvisados.

***

Todo por volver
desde la fantasía 
a pisar esta tierra viva
que se consume a sí misma,
que agoniza entre humo,
huracanes y terremotos;
tierra que me llama
cuando me olvido de su voz;
tierra que me apaga si me enciendo
entre ilusiones y visiones,
desconcertantes y enloquecedoras.
Tierra que vive 
entre realidades infinitas
recordándome que aún late,
cansado y ensimismado,
espeso y apático,
este corazón de bestia abatida;
de jaguar sin selva.