jueves, 5 de agosto de 2010

Rememorando

Lo intenté.
Quise amar como se aman los adolescentes;
en su mentira pre-fabricada.
Con la ilusión de poseer las sensaciones
propias y ajenas;
atarlas y aferrarlas a mi,
mientras beso un cuerpo;
cualquier cuerpo con brazos delicados; 
cualquier cuerpo con piernas lisas,
brillantes;
cualquier cuerpo con pechos esculpidos
con bondad natural y salvaje.
Cuerpo con una cara que contagie
su alegría,
con sus labios agradecidos y ojos
cómplices de mis caricias.
Pero no pude tener 
bajo mi manto de deseos, 
controlada la pasión,
confundida entre mi adicción
a la lujuria.

***

Quise recorrer las nubes
descalzo y sin motores;
sobrevolar el reflejo de su furia, 
sobre los océanos;
contemplar sin compadecerme
la muerte en el olvido 
de los que buscaban la fe
más allá de sus dominios;
soplar las gotas que hundirían
barcos invencibles en otros tiempos,
o en otros mundos:
sus mundos.

***

Quise acompañar a una sombra
viva y cautivadora
en su travesía por la tierra,
infestada de seres amorfos, 
criaturas fantásticas, reales en los sueños;
quise acariciar sus rostros, 
graciosos,
 con pelos quemados,
su piel frágil;
tan frágil como ellos 
cuando mis nubes,
mi guerra, 
mis relámpagos 
y mis truenos 
los ahuyentasen hacia una muerte
deseada desde mis alturas;
muerte de agua, 
de vida que se da y se quita
en los cielos arquetípicos.
La ley de la naturaleza.

***

Quise infiltrarme entre mis iguales;
dormir, comer, cantar y bailar con ellos.
Quise crear obras sublimes; 
adorar las artes;
sacrificar mis dones
y alzar la  ofrenda 
hacia cualquiera de tantos dioses
que son uno:
el azar.


***
Quise distinguir la pureza entre tanta máscara.
Quise recordar, imaginar, inventar,
el por qué de que esté aquí;
y por qué ahora;
por qué deambulo 
entre tanta espesura.
Azules, negras, verdes y rojas
las espinas que se clavan en mi,
a mi cuerpo, pequeño y dócil,
perdido entre toda esta tinta,
en este mar de símbolos
confusos e improvisados.

***

Todo por volver
desde la fantasía 
a pisar esta tierra viva
que se consume a sí misma,
que agoniza entre humo,
huracanes y terremotos;
tierra que me llama
cuando me olvido de su voz;
tierra que me apaga si me enciendo
entre ilusiones y visiones,
desconcertantes y enloquecedoras.
Tierra que vive 
entre realidades infinitas
recordándome que aún late,
cansado y ensimismado,
espeso y apático,
este corazón de bestia abatida;
de jaguar sin selva.

1 comentario:

  1. Uff tio! mucha tela! si vas a escribir así te dejo desaparecer el tiempo que quieras!! Los dos últimos son supremos...

    ResponderEliminar