miércoles, 22 de septiembre de 2010

Leer

Todo el miedo que sentía o que había sentido hasta entonces, se estaba transformando, esparciéndose  en pedazos para ser pisado. La ira reemplazaba a la ambigüedad de sus lágrimas.
Tristezas, alegrías, penas ¿qué eran ahora?. Todo parecía disolverse en un viento de resentimientos, enfocados hacia una sociedad en masa de la que había estado apartado tantos años. Su vida, ¿qué era ahora?. La realidad, la cordura, el amor, la pasión, todo se revolvía entre letras impresas, todo era fantasía. No era capaz de sentir lo que se proponía. ¿Y cómo estar seguro de que lo conseguiría una vez estando fuera de su apatía personal?
Leía sobre los esfuerzos de unos personajes, malabaristas de sentimientos, que iban y venían por un mundo en el que todo parecía ajeno a ellos. Un mundo demasiado racional, y razonado para ellos, que los aplastaba con su lógica binaria de sies y noes. Mientras él y sus agonías metafísicas se perdían en los quizá.
En los libros, los cuerdos, ricos y pobres, sobreviven entre culturas mezcladas con acentos perdidos y nostalgias ahogadas con nuevas costumbres y la cercanía de los que nunca se van y se quedan para apagarse entre obligaciones. Los locos, a pesar de angustiarse por la presión de unas tradiciones que nunca han sido las suyas y que lo dominan todo, tardan en asumirlo, pero el mundo gira a su alrededor. Su locura es la puerta a un universo que se aleja de los curiosos y de los rituales de comodidad y apariencia a los que obligan los deberes, las ataduras. Ellos son libres. Vagan cuando han despertado. Aprenden, aman y olvidan. Vuelan por encima de placeres ínfimos como el carnal. Para ellos la sociedad se evapora y todo es normalidad, con sus razonamientos,  su historia,  sus alucinaciones enteógenas y los suspiros por un amor que llega y no es lo que se esperaba.
Él piensa en todo lo que se había identificado con esos personajes; esa forma de aprender de la soledad, del miedo, del asco, de la rutina y de la falsa educación. Todo enseñaba a ser más fuerte, a poder volar y controlar este mundo que se pierde y se apaga en la oscuridad de sus mitos; donde se alaban nuevos dioses; los más poderosos, los que son adorados sin saberlo, los que existen sin saberlo. Y a nadie le importa cómo luchar contra un dios. ¿Cómo vencerle más allá de las palabras, los gritos y de vez en cuando unos acordes?

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