domingo, 12 de septiembre de 2010

Promesas sin respuesta

¿Cuánto hacía que no te hablaba con sinceridad,
que no me acercaba a tu silueta para rodearla
y mecerla con dedos sonoros y palabras táctiles?
¿Cuánto llevo sin despertarte del sueño nervioso
que te atrapa, al que sucumbes y acudes siempre,
para identificar tus tiemblos cuando pareces herida
y nadie reconoce que estas perdida, quizá distraída,
encerrada y en trance con el culto tímido a tu miedo?

¿Cuánto hace que no te decían, ni yo ni nadie,
estas palabras prometidas entre risas progresivas,
disimuladas al compás de una música a veces infernal,
a veces espiritual, también atea y siempre rebelde?
¿Cuánto tiempo lleva tu pelo suelto, desangrándose
por temer olvidadas en tu conciencia la razón 
que lo llevó a soportar caricias lejanas, pegajosas
y extrañas, mientras creía aguardar el fin de los ensayos,
para entregarse a una prueba crucial, a un intento sincero
por sentir el roce del viento exhalado de la boca 
a la que has de juzgar, culpar, condenar, matar y amar?

¿Cuánto hace que no hablo de tu piel, que parece agonizar
 y palidecer al entrar en el invierno de la ambición, al rozar
la comodidad y la conformidad del calor artificial,
de las caricias por necesidad que complacen y seducen
mientras se corrompen ante la escasez de suavidad,
como si te abandonara por rencor el falso amor, guiado
por la deseada sinceridad; la del principio y la del fin?
¿Cuánto ha pasado desde la última vez que susurré
las canciones que componía a la sombra de tus ojos
y reías al oír esos versos forzados por la sed atroz
que los encendía en mí, tan rápidos y tan dolorosos
al marcharse de los suspiros, como cuando llegaban?

¿Cuánto hace que no describo las montañas que nos rodearon,
las nubes que ardieron sobre ellas, las noches de estrellas,
las lunas juguetonas, asesinas del calor, dadoras de la luz
que nos acompañaba, hora tras hora, en viajes imaginados:
Ojos cerrados y vuelos abiertos más allá del sueño,
realidades que se diluyen entre fondos grises de fotografías
camufladas, alucinadas en nuestro acercamiento lento de espíritus?
¿Cuánto hace que no uso palabras que suenen a pasión, a belleza,
a crueldad atrayente, a manjar de promesas, a dulzura palpable;
palabras que te digan lo que quiero decir y no lo que significan?

¿Cuánto hace que morimos cada noche para recordarnos 
que estamos más vivos que nunca? ¿Cuánto hace que no me ves
encerrado en lo poco que soy, envuelto de lo que tengo,
vomitando en tinta todo lo oscuro y lo mágico que nunca sale
con mis gritos? Esas verdades amorfas para tus sentidos 
que se han cansado de oírlas, y ahora recorren cada resquicio
de las almas-doncellas que aún anhelan formar parte del infinito
canto de la tinta, del que solo llegaste a conocer un eco dulce
que se apaga, pues no es fácil captar el roce en unos labios dormidos
que dictan en sueños lo que esta pluma dice; lo que inventamos
mi soledad y yo, mi amargura sin razón, mi sucedáneo de dolor;
lo que esperamos volver a decirte y que no sean vacío en ti,
que sean sutiles caricias verbales, capaces de despertarte
del silencio.

1 comentario:

  1. ¡Bellísimo, bellísimo poema!
    Qué grato encontrarse con un texto así.
    Gracias por él.

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