martes, 5 de octubre de 2010

El vacío no habla

Se acaban las viejas palabras.

Es hora de descubrir la verdad;
quitarle de encima el manto
de ilusiones, y tragarnos la espuma;
dejar solo la acidez de lo cierto
y las nauseas del placer robado.

Mira mi sangre mezclarse
con tu saliva secreta;
siente sobre tu pelo,
derramado, cada trago
de celebraciones inventadas
que improviso en mi nuevo lenguaje
de gestos torpes.-Timidez de culebra
inofensiva.-

Pero aún no me arrastro,
aunque todo parezca perdido,
podrido, débil y mudo.

Tu boca se deleita
con la felicidad comprada
a precio de fábrica.

Amor, lujuria, carne,
sudor, uñas, mordiscos,
labios, heridas, orgasmos.
Todos otra vez frente a frente
con la risa que nunca sale a buscarte,
entre tanta oferta de luz fría
y comida regurgitada.

Yo silbo, desafinando.

Recuerdo mi último pensamiento:
un mundo que gira y explota
cuando nadie puede despertar;
un universo sin verbos ni perífrasis;
un yo sin ti,
ni nada que merezca ser pronunciado;
un silencio solemne autoimpuesto,
por todos los que queríamos poder
gritar amor, sin necesidad de llorar.

2 comentarios:

  1. Quizá, por la inimaginable discontinuidad del tiempo es que nacieron las palabras "canto" -referido a la piedra (compacta)- o "cántaro" -que recoge lo disperso (uniéndolo); quizá, por el anhelo del alma de hacerse melodía, llamemos canto sólo al lenguaje de un animal (al de los pájaros)... Sin embargo, diría que el poeta sí que sabe de ese vacio -creo incluso que el poema acontece, y llama, justo cuando éste siente haber caído en ese agujero; siente la inexistencia ya de la sucesión del tiempo- Y ¿qué decir a tu enmudecido tras el fatal descubrimiento, si nuestra vida jamás será una melodía? Que acaso un día cualquiera vuelva a sentir el tiempo y ya con unas cuantas respuestas halladas en su poemas se muestre de nuevo al mundo. Por eso (y para poder seguir leyéndote) te animo a no dejar de cantar, NallA.

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