miércoles, 13 de octubre de 2010

Nada importa





María se levanta y va hacia la cocina. Encuentra una caja de cigarros. Calienta unos tragos de café y piensa en la guerra de ayer. ¿Quién perdió?

María enciende un cigarro y mira el reloj, pasan tres segundos; no sirve de consuelo.

María cambia de recuerdos. Espera que sus hijos sigan bien. Endulza el café; da dos sorbos y camina hacia el porche.

María se sienta en una butaca de madera. La lluvia cae, lo moja todo, salpica hasta sus pies.

María y el café discurren en un ritual de unión.

María recuerda al compás de las gotas. Se agobia y se angustia. Algunas lágrimas corren por sus mejillas. Se regaña a sí misma, eso no debería pasar.

María cree que las lágrimas deberían venir después de saber quién perdió y quién ganó en la pelea de ayer.

María se queda mirando al vacío. Siete segundos pasan. Piensa que debería distraerse.

María cree que tratar de resolver el conflicto de ayer, con la confusión que aún queda dentro de ella, no la llevará a ningún lado.

María maldice su resaca. Le duele la cabeza. La lluvia sobre el tejado suena como una ráfaga de napalm por la mañana. Acidez estomacal y el cuerpo dolorido.

María está cansada; abre un libro. Es Hesse.

María apacigua a los lobos con ternura sádica; enseña caminos camuflados ante el olfato, el gusto y la vista.

María escucha lo que más tarde querrás recordar.

María te acompaña y está ahí cuando te falta; se pierde para que la encuentres; se esconde para que tengas miedo.

María siempre vuelve cuando crees que no lo hará.

María y Hesse se unen en un ritual místico. El café espera tibio mientras dura el turno de Hesse.

María sigue leyendo, con lentitud; le cuesta concentrarse y abstraerse. Sonríe después de dos páginas, Hesse siempre la hace sonreír. Sigue leyendo, pero no lee.

María vuelve a pensar. Marca las páginas con un dedo y cierra el libro. ¿Quién ganó y quién perdió?

María enciende un cigarro y mira hacia el jardín. Solo hierba y basura. La calle está desierta; se forman charcos.

María cierra los ojos. Bendito sueño, todo empieza a ser trivial. Duerme, descansa.

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