viernes, 25 de febrero de 2011

Sólo canta


De forma perversa un ser cruel, un enfermo más, canta solo, rodeado de silencio distorsionado.

Nadie sabe nada de llantos sinceros. Mirar no es una solución cuando el infierno cae.

El ardor de la tristeza debilita como la última caricia, dada con amor.

Si pudiéramos recordar lo que nunca aprendimos, como caminar sobre llanto sin caer ni morir,
podríamos ser melodía certera y armonía; una dulzura fluyendo sin manchar las rosas con sangre, 
mientras el sudor baña nuestra vitalidad, que es algo más que ganar.

Él no lo ha olvidado. 

Sufrirá, evocando con cada sonrisa que lo ignore, la rabia de no-saber-poder-querer-vivir.

Sólo es un enfermo más; sin brillo; sin ojos para el cielo lleno de secretos; sin dedos para enloquecer bajo la luna.

2 Haikus



Los cielos arden;
Nubes, montañas, sueñan
Atardeceres.




Tú, yo y la vida,
Ruido de piedras y agua:
Pasión que arrulla.

miércoles, 23 de febrero de 2011

De un diario olvidado III

Ha pasado mucho tiempo desde que escribí en este diario por última vez. Mis papás se separaron y yo  me dediqué a salir más con mis amigos y a jugar con la computadora  antes que a escribir cualquier cosa. Mi mamá tiene un nuevo novio, pero no me cae bien por cómo me mira. A mi papá sólo lo he vuelto a ver una vez desde que se separaron; cuando me tocó recitar un poema en el colegio, en un acto para padres e hijos. Él fue a verme y sin que lo esperara, me alegró verle allí; recité el poema para él, mirándole y temblando de nervios, pero él sonreía, parecía feliz de oírme y verme. Nunca me había fijado en lo bonita y contagiosa que es su sonrisa.
Cuando acabé de recitar, me saludó con la mano desde lejos y se fue. Me puse un poco triste, pero era lo mejor, nuestro encuentro había sido muy emotivo, nunca olvidaré nuestro cruce de miradas. Hoy he vuelto a escribir también gracias a él, porque ha venido mi mamá a darme un libro escrito por él. Por fin se ha hecho escritor de verdad. Me alegró como nada la noticia y más aún porque me lo dedicó, diciendo que en un valle de penas inexplicables, la única lógica se la da mi sonrisa y con eso es suficiente para soportar cualquier calvario. 

Tal vez a partir de ahora escriba más.

Si hubieras sabido cuánto cambia el amor


Si hubieras sabido cuánto cambia el amor
Jamás  habrías dicho que me amabas

Si los sueños fueran manos de azar
En un tallo sin flores ni ramas
Perderíamos la frágil ilusión
De esperar al destino y sus tramas

Y así, durmiendo, podríamos evocar
La salvaje lujuria de nuestras camas.

martes, 22 de febrero de 2011

De un diario olvidado II

Mi mamá me regaña cuando le digo que no quiero que papá vaya a las reuniones, o a las fiestas de mis compañeros de clase. Con mamá sí hablo de todo. Cualquier tontería que pueda ocurrírseme  a ella se lo cuento; no siento miedo de que me juzgue y sé que me comprenderá. Pero a papá no puedo decirle nada. Ella dice que debería quererlo más, aceptarlo y demostrarle que lo veo como a un padre y no como a un extraño. Pero me cuesta hacerlo, me pongo nerviosa si tengo que acercarme a él a pedirle dinero, o si estamos en la mesa comiendo; es como si me enfadara tener que estar cerca de él. Reconozco que a veces me da un poco de pena el que por mi culpa hayan tantos silencios durante las comidas, sobre todo cuando siento que me mira con sus ojos brillantes, suplicantes de cariño. Yo acabo mirando para otro lado, o me voy a mi cuarto. Mi mamá me dice que eso lo pone más triste, que incluso ha llorado estando a solas con ella; dice que a él le gustaría ser para mí un mentor, un amigo, un confidente, un padre de verdad. A mí me da miedo. Ella dice que con el tiempo aprenderé a valorar su forma de ser y a aceptarlo, aunque parezca tan distante. Me cuenta que a ella le pasó lo mismo y que le costó mucho tiempo aceptar su forma de comportarse y comprender y reconocer su forma de mostrar lo que de verdad siente; dice que al principio no pensaba ser más que una amiga para él, pero  que al conocerlo de verdad se enamoró. Por eso está segura de que yo lo entenderé y de que le pediré perdón por todas las veces que lo traté mal.

De todas formas, mi mamá no es tan sincera como aparenta. A veces no mide los detalles de lo que habla con otra gente. Alguna vez la he escuchado hablar por teléfono con sus amigas o mi abuela, y les cuenta, casi llorando, que tiene dudas sobre su matrimonio; que papá parece cada vez más frío y solitario, como si su afición de escribir estuviera acaparando su ser y que cada vez deja menos tiempo para ella. Les comenta lo mucho que a él le afecta que yo no le haga caso; que le da pena por él, porque si se separan se sentirá odiado por mí, por no importarme alejarme de él. Yo no sé qué pensar. Vivir sola con mamá no sería muy diferente de ahora; ella y yo, sin fijarnos en lo que está haciendo o lo que pueda estar pensando papá.

De un diario olvidado


Ayer, mi papá volvió a quedarse dormido en la silla de su escritorio. Durante los últimos meses lo ha hecho muy seguido. Siempre está rodeado de libros y cuadernos, no me extraña que se duerma. Cuando lo vi esta mañana, tenía en la cara la marca de su lapicero. Se veía chistoso. Algo raro en él, porque siempre está serio. Nunca he sabido por qué. Serio y triste, con sus ojos alargados siempre medio cerrados, que parece que romperán a llorar de un momento a otro; es como si estuviera siempre preocupado, pero a nuestra familia nunca le pasa nada, sus preocupaciones deben de venir por otro lado.
A veces hablo con mi mamá sobre él, cuando pregunto por qué está callado o por qué le hace más caso a sus libros que a nosotras. Ella dice que soy muy joven para entenderlo. Es normal que lea y escriba tanto, pues por algo es escritor, sobre todo después de perder su último empleo. Desde entonces no ha querido hacer nada más que leer y escribir.


Él, a veces, me da miedo. Verle sentado, concentrado, tan serio y tan triste, parece angustiado. Me gustaría preguntarle qué le pasa, o saber lo que lee o lo que escribe, pero no puedo acercarme. Nunca he leído sus cuentos, hace tiempo que dejaron de insistirme en que lo hiciera, me parecía absurdo y patético hacerlo. Es mi padre y no me inspira confianza. En parte puede que sea mi culpa. Él intenta hablar conmigo del colegio, de mis amigos, de lo que veo en la tele o con qué me divierto, pero rehúyo, me escondo o me encierro en mi cuarto, para refugiarme de la tristeza de su voz temblorosa, como si su depresión se me fuera a contagiar. Mi mamá me ha dicho muchas veces que no debería ser así con él, que él me quiere y sólo pretende demostrarme su cariño y ganarse mi confianza, pero a mí me sigue dando miedo. Nunca nos ha hecho nada malo; ella asegura que nos quiere como a nadie, pero que su forma de demostrarlo no es como la nuestra, o como la de los demás padres. Me doy cuenta de ello cuando lo comparo con los padres de mis amigos; siempre están contentos acompañando a sus hijas y cuidándolas. Pero yo no quiero que el mío lo haga. Se ve extraño cuando se reúne con otros padres, como si no fuera uno de  verdad. Parece nervioso cuando le hablan, además sólo habla si se dirigen a él, nunca inicia conversaciones. Es el más bajito de todos; no parece un padre, al menos no el que a mí me gustaría que fuese a las fiestas de mis amigas.

lunes, 21 de febrero de 2011

La vida es


 "La realidad no me necesita"
Alberto Caeiro (Pessoa)

La vida es un sabor mezclado de pétalos y gotas de vino que sanan sin tocar y drenan almas distantes. 

Lejana la aurora de la conciencia percibida desde aquí es tan sólo reflejo de traumas infantiles maquillados con preguntas que aturden porque nadie las plantea y las sombras responden a gritos: 

Ebrios y vagabundos ¿Cuándo fuimos el mismo? ¿Cuándo tuvimos razón para distraer la pena ajena y volamos al placer de ayer que fue ignorar la desigualdad?

viernes, 18 de febrero de 2011

Dame otra vez tu sol


Deja que reviente las ganas
De poseer algo más que luz
Para conformarme sin rabia
Entre el calor de la saliva

-Con el que pagas las deudas
De un orgasmo que no llegó
A saciar el ansia de tu piel-

Dame vida, muerte, y agua
Para lavar este cuerpo de sal
Y callar el grito de mis ojos

Ellos saben que eres más real
Que el dolor de la ausencia
Y que el sabor a llagas de mis manos
Que entraron en tu boca de hiel
Buscando entre vicios, tu sol.

martes, 15 de febrero de 2011

Más ideas baratas...

No hay dolor más grande que el que padece un espíritu engañado.

La traición la trae la propia falta de fuerza para luchar. 

Vendemos hasta el humo que expulsamos con tal de ganarnos una mentira más.

La mentira no pierde nada si le jugamos sucio, pero nosotros apenas sabemos reconocerla entre tantos disfraces. Corremos el peligro de engañarnos a nosotros mismos. 

Un viaje sin una escala triste no consigue darnos la armonía con el infinito que pretendemos.

Los sollozos tienen sobre mí el mismo efecto que las miradas que nunca me vigilan y con las que siempre sueño. 

La risa, en cambio, consigue despertarme.

La única meta sería vencer los miedos, si no hubiéramos sido hechos para otros fines. 

Pensar y experimentar con el entorno, o desde el entorno, o por el entorno, o para el entorno: he ahí una cura al aburrimiento.

**
Los que escriben tanto sobre sexo, y sobre todo sobre sexo salvaje, visceral y enfermizo, ¿rehúyen de los sentimientos porque les aburren? ¿Ocultan traumas de la infancia que todos sospechamos, pero que ninguno reconocemos? ¿Son sinceros consigo mismos, o sólo viven en letras las fantasías que a la carne le cuesta tanto llevar a cabo? ¿A alguien le importa? Probablemente a nadie.

**
A veces prefiero sentarme, con una lata de la cerveza más barata del supermercado, a escribir lo primero que me viene a la cabeza, o incluso algo que tenía ya pensado pero que acaba siendo totalmente distinto a lo que yo creía que escribiría (para bien o para mal... para mal). A veces lo prefiero antes que sentarme con una botella de rioja al lado y con libros de Paz o Pessoa al otro, mientras escribo poemas de esos que los expertos en poesía no los llamarían así, pero como he leído tanta basura en blogs, e incluso en poemarios publicados, creo que puedo permitirme el lujo de seguir haciéndolo, porque siempre habrá alguien que lo haga peor. 
El que no se consuela es porque no quiere.
Salud.

Soy de esa clase de personas

 (Imagen de la web)

Soy de esa clase de personas
Que a lo fácil le dan todas vueltas
Que sean necesarias
Para que parezca una causa perdida;
Y aunque entre vuelta y vuelta
Salga a flote alguna pequeña reflexión,
Siempre resultan inútiles.

Llegar a saber por qué nos comportamos
A veces de manera extraña o ridícula,
Es como intentar saber por qué otras veces
Nos da miedo acercarnos a lo que más deseamos;
O como comprender por qué generalizamos
Pensando que nuestra manera de percibir
El mundo, la música, el amor, el dolor,
La locura, la desesperación, el vicio,
La lujuria, el placer, la belleza,
Es idéntica o parecida a la de los demás.

Porque, aunque seamos tan parecidos,
Con nuestros cuerpos de homínidos evolucionados,
Con nuestras ropas tan cómodas
Y nuestras reacciones programadas,
En algo tendremos que diferenciarnos;
Y, sobre todo, algo tiene que haber para que algunos
Acabemos frustrados y melancólicos,
Sin tener claro un motivo, o una excusa.

A la mierda las respuestas que flotan en el viento,
Mi verdad es el humo que empaña las lágrimas
Que aún no he derramado y que pronto llegarán.

jueves, 10 de febrero de 2011

X


No desaparece

   Se retoca y atrae

La revolución

    Es una coqueta

Boca de espuma

   Color sangre
Que derrama calor

   De ese que toca

Antes de acercarse

                           Su olor infesta

El alma, la vida

                           La esencia se desboca

Hambrienta, sin miedo

                           Actuará si la rozan

 Sólo espera tener

                            En sus manos tu sombra

viernes, 4 de febrero de 2011

Leyendo Hamlet y escuchando Rachmaninov...




La música de un ruso que es capaz de llegar al alma y los sentimientos que se despliegan en un texto concebido siglos atrás, todavía nos hacen temblar y palidecer, y nos erizan los vellos que adornan esta piel malsana, no por la enfermedad sino por el miedo que provoca descubrir una verdad que yacía agonizante, como si una espada se hubiera clavado en su corazón, haciéndonos creer que la ira, el rencor, el amor y la pasión se habían extinguido. Un maestro inglés describiéndonos la sinrazón que bañaba los castillos de una Dinamarca que pocos conocieron y de la que tanto saben otros.
Maldito sea el rey que vendió la familia, maldito sea el rey que mató por ambición, maldito sea el rey que se arrepiente cuando nada tiene perdón, maldito sea el rey que vagará eternamente proclamando un precio que se pagará con sangre; siempre con sangre. Maldita sea la reina que vendió el cariño que no tiene precio, maldita sea la reina que miente como miente el corazón de cualquier doncella, maldito sea el amor que no dura más de lo que duran los arrebatos coléricos de la lujuria.
Malditos sean Hamlet, Ofelia, Rachmaninov  y los conciertos de sus pianos, maldita sea esta tarde y esta vida tan maravillosa que me llena de gozo a la par que de nostalgia y temor. Maldito sea el arte de las letras, de la armonía y del intelecto, pues la perfección está avocada a la perdición.
Malditos todos nosotros, pues hemos sido bendecidos con amaneceres, tardes  y noches de fortuna, que sin merecerlas el azar nos ha hecho dignos de poseerlas… pero como al amor desesperanzado, con mucha pasión y poco raciocinio, tan sólo por instinto.
Bestias con inteligencia y sentir: nada más somos, nada más seremos.