martes, 28 de junio de 2011

Trenes, música, poesía y ella.


Los trenes, además de un medio detransporte bastante recomendable para quien disfrute de leer viajando (o de escucharmúsica), son una mina de posibles historias ficticias, o no; tantas como personasvayan en él, o personas que no vayan en él. Una de mis prioridades cuando viajoen tren es no dejar que ni sus asientos y suelo grises, ni las paredes pintadasde crema depresión me afecten, como parece afectar a los que van sentados cabizbajos,mirando a un desconsolador vacío, o a los que no hacen más que contarseproblemas económicos o sentimentales unos a otros, escuchándose sólo a símismos, sin prestarle atención a sus interlocutores (Viva el individualismo).
Esta tarde estaba yo sentadoplácidamente en uno de esos asientos duros, acomodado como podía entre laatmósfera de conformismo y explotación que suele llenar los vagones de lostrenes. Escuchaba música variada, de todo un poco, como suele decirse, aunquela mayoría de veces se diga cuando no se tiene un criterio claro a la hora de elegirla música que suena y se escucha cualquier cosa. De repente, como una señaldivina, o infernal (me cuesta hallar la diferencia), en una de las paradas deltren, al mismo tiempo que empezaba a sonar “Brainstorm” de los Artic Monkeys,subió una de esas muchachas que rara vez aparecen en mi vida, pero que, cuandolo hacen, consiguen volverme loco, obseso, delirante y, por supuesto, ponermeexcitadamente nervioso. De esas que provocan una tormenta devastadora yadictiva en las neuronas. Una de esas chicas que se muestran seguras de símismas a la vez que lanzan un aura de fragilidad y timidez que incita arodearlas, acariciarlas, venerarlas y penetrarlas. Morena, piel blanca con unleve tono bronceado, con unos ojos escrutadores que hacían que su mirada se convirtieraen la efigie del deseo, con unas curvas de infarto, labios apetitosos, sinmaquillaje de sobra. Una mujer natural, auténtica. De esas que, como he dicho,hacen que toda mi atención se centre en ellas y que no sea capaz ni de recordaren qué parada debo bajar del tren y que, además, consiguen que la música quesuena en mis oídos se convierta en la banda sonora perfecta para mis fantasíasy mis orgasmos mentales con ella entre mis brazos, con su piel bajo mi cuerpo ynuestros genitales compartiendo más que fluidos, compartiendo experienciasmísticas, uniéndonos más allá del tiempo,  del espacio, de la materia y de la realidad.

Por casualidad, o tal vez porquenotó en mi mirada todo lo que estaba revolucionando dentro de mi, con supresencia, se sentó en la fila de asientos paralela a la mía. Era demasiadoprometedor como para que yo fuera capaz de creerlo posible. Como pude actué deforma que no se notara mi nerviosismo y aguanté su mirada mientras ella lo quiso.Disimulé la sonrisa de complicidad que me invadía y que ella no parecía querercompartir. Miré hacia el otro lado, donde estaba la ventana, buscando en elreflejo del cristal el rostro de ese ángel caído, esperando conseguir cruzar sumirada de improviso si decidía observarme mientras yo disfrutaba ahora del “Fallingaway from me”, de los Korn. Así estaba yo, a punto de caer fuera de mí directoa su pequeño y perfectamente moldeado cuerpo.
Conseguí mi objetivo. Sus ojos secruzaron una vez más con los míos, descubriéndola mientras observaba mis aires debohemio inconformista, aires que quizá no lo fueran tanto en ese momento, perome gusta pretender que era así. Se supone que esos aires, o esa actitud, tehacen parecer más interesante de lo que eres, o refleja fielmente lointeresante que de verdad eres. De todas formas, eso no es lo importante de lahistoria. Lo realmente impactante fue imaginarme a mí avanzando hacia ella,totalmente convencido de que esa era su voluntad. Imaginarme haciéndolo,segundos antes de dar el paso y levantarme para acercarme a los asientos que larodeaban. Fue fácil porque no había más de cinco pasos hasta ella, tal vez seis.Caminé mirándola fijamente, tratando de reconocer una reacción favorable en surostro, aunque no la hubo. Giró sus preciosos ojos hacia la ventana. Empezó asonar “Creep” de los Radiohead. Su piel estaba a punto de hacerme llorar.Quería ser perfecto para ella.
En los pensamientos, como en lossueños, el tiempo pasa más rápido y, eso, sumado a que la sensación deinferioridad frente a la mujer de mis sueños se hizo latente y al ver su aparente falta de interés desde que me decidíaa levantarme, hasta que llegué a su lado me hizo pensar: “¿no quiere verme?, ¿no quiere que me acerque? ¿Se hace la interesante?¿Qué mierda estoy haciendo?”. Ninguna de las preguntas podía tenerrespuesta. Sólo el tiempo y su calor me lo dirían.
Me senté frente a ella y hablépausadamente, calculando las palabras, para que supiera que soy de los quepiensan antes de hablar, aunque lo que hubiera estado pensado fuera poco másque tenerla entre mis brazos y que ella me tuviera entre sus piernas.
-Estoy seguro de que te lo dicena diario, pero tus ojos son de esos que vuelven loco a cualquiera. Déjame vivirdentro de ellos, pequeña.
-¿Perdona? ¿De qué hablas…pequeño?
Su voz era justo lo que yoesperaba, dulce y tierna, con un toque sarcástico que  hizo que me estremeciera de deseo. Eraperfecta. Una lolita atrapada en el cuerpo de una exuberante mujer. Perdí elcontrol.

-Hablo de dioses y sacrificios.
Hablo de rituales más antiguos que el tiempo.
Hablo de sensaciones reinventadas
Por cuerpos de lujuria.
Hablo de tus labios y los míos.
Hablo de correr riesgos.

-Estás un poco loco ¿no? ¿Tecrees poeta o algo parecido?

-Creo en la vida después de los orgasmos.
Creo en la poesía de tus caderas
Con el contoneo de tus pasos.
Creo en tu cuerpo junto al mío condenados a un abrazo.
Creo en la saliva hecha pasión, escribiéndonos el destino.

-No sabes lo que dices, pirado.Pero sabes cómo decirlo. Habla claro y pídeme lo que de verdad estás pensando.

Pienso en un gemido desgarrador.
Pienso en una caricia capaz de hacer vibrar el cielo.
Pienso en la calma silenciosa interrumpida
Por el susurro de una caladaagónica
Pienso en las gotas de vino que te recorrerán
Desde los labios hasta el ombligo
Pienso en el sabor ardiente
Que hay en la brisa de tu sudor.

-Los hombres hacéis cualquiercosa por buscar un polvo.
Lo dijo con una sonrisa queinundaba el ambiente hasta convertirlo en una realidad paralela, en un tren defantasías rumbo al castillo de la carne, nuestra carne. Al acabar de hablar semordió el labio inferior con una sensualidad nunca vista. Mi corazón seaceleró. Apenas pude reaccionar.
Lo que siguió (las miradas, lasrisas, el deseo, las caricias, los besos, los fluidos, el vicio, la lascivia)no  hace falta contarlo. Sólo diré quedejo de escribir porque está a punto de salir del cuarto de baño.

2 comentarios:

  1. Me encanta, tiene su punto sensual a la parte que divertido, iba en el tren riendome sola jajaja

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  2. Muy bueno Allan, muy bueno. Voy a seguir leyendo tus entradas (como ves voy atrasada jejeje)

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