jueves, 28 de julio de 2011

Buenas noticias... y algo de rock y post-rock.




Escuchando rock and roll; sin estar seguro de a quién hacerle caso, si a los que lo dan por muerto, disecado en unos cuantos discos de grupos clásicos, (quienes además se han aventurado a inventar un estilo nuevo, una especie de sinfonía del funeral del rock and roll, para que no quedaran dudas de su muerte); o a los que mantienen la ilusión por ese estilo musical y lo claman como inmortal, eterno, místico, como una filosofía, el sustento de su fe.
Yo me limito a escuchar las progresiones de los acordes, las melodías bailables, nostálgicas, divertidas. No puedo hacer nada más. Fumar, beber y escuchar, hasta que P. vuelva, con buenas o malas noticias. Todo vale, mientras se mate esta incertidumbre. Lo realmente importante es que ella haya podido encontrar algo. Llevamos casi un día entero sin meternos nada y la situación empieza a ser insoportable. Si no fuera por la radio, probablemente estaría rompiendo cosas y maldiciendo, aunque no sé por cuánto tiempo más resistiré sin hacerlo.
P. tendría que haber vuelto ya. Sólo tenía que rogar por que le fiaran, no podía llevarle mucho tiempo. En el peor de los casos tendría que follarse a alguno, o algunos, pero eso tampoco podía llevarle demasiado tiempo. Ya llevo horas  escuchando programas de rock, jazz y blues. Quizás esos cabrones la hayan convencido para que se quede allí. Entre camellos no le faltará la mierda. Le habrán dicho que pase de mí y de mi pobreza, ofreciéndole caballo y sexo. Deberían saber que ni P. ni yo tenemos ya lo que se considera apetito sexual. Los orgasmos nos vienen sólo tras los pinchazos. Ella se los folla porque no hay dinero, ni lo habrá en mucho tiempo. Pero el mono nunca falta. A mí no me importa lo que haga, me importa que venga cargadita de droga. Es libre de decidir cómo conseguirla. En alguna ocasión a mí me ha tocado pelear con algún imbécil e incluso apuñalarlo, o amenazar con hacerlo. Ambos hacemos lo que podemos, o lo que no tenemos más remedio a hacer.
Los camellos pueden prometerle una adicción más tranquila, pero no saben que ella es incapaz de abandonarme. Yo tampoco lo haría. La gente que sólo se preocupa por el dinero y el sexo se acomoda y se olvida de los verdaderos sentimientos, las sensaciones límite, extremas. Puedo asegurar que no hay nada más extremo y reconfortante que pincharse heroína al lado de quien estás enamorado. Como P. y yo.
Sigue sonando el puto rock and roll, pero ya no me importa, ni siquiera podría decir si me gusta o no. Ella acaba de abrir la puerta. Le brillan los ojos, está más guapa que nunca. Me sonríe y adivino que trae buenas noticias.

1 comentario:

  1. MUY BUEN LABURO! EXTRAORDINARIO!,mejor que el encierro,en selva de palabras!
    un saludo
    lidia-la escriba

    ResponderEliminar