viernes, 1 de julio de 2011

William Took


“La droga es el productoideal...La mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. Elcliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan…”
William Burroughs.


William Took es voluntario en unaclínica de desintoxicación. (Se gana la vida dirigiendo una editorial pequeña,en la que publican poesía y narrativa con buen criterio, ya que tienen unmercado, aunque discreto, fiel y suficiente, y pueden permitírselo). En laclínica su función se limita a mantenerse en la recepción, lo que le evitapresenciar algunas escenas escabrosas, aunque no todas, y le deja (a veces leobliga a) tomar contacto con la mayoría de pacientes. Lo que supone para Willun verdadero espectáculo de sufrimiento y placer llevados al extremo. Espectáculobastante inspirador a la hora de buscar ideas para escribir.
Ha visto a médicos venderleheroína a los yonkis. Ha visto a moribundos amenazar de muerte a un colgado queles debe dinero, o se ha tirado a su mujer, o se lo ha tirado a él. Le hanofrecido putas por droga y droga por putas. Aunque éstas también suelen seryonkis y la mayoría de mujeres en ese estado apenas se diferencian de loshombres.
Él intenta no dejarse llevar porel mercado que se mueve dentro de la clínica, no porque sea ilegal, sino porquetiempo atrás él había estado a punto de engancharse. Pudo dejarlo pero no sabíapor cuánto. Es consciente de lo fácil que es hacerse adicto, sobre todo estandoen contacto casi a diario con todo tipo de drogas. No está seguro de hasta quépunto haber elegido hacerse voluntario en la clínica es más por atracción hacialas drogas que por un altruismo puro. Teme caer, porque sabe demasiado bien loque es estar jadeando de placer, con el caballo recorriéndole entero, desde lanuca hasta las piernas. Puede ver esa sensación transmitida desde los pálidos yhuesudos cuerpos de los pacientes de la clínica. Puede ver en sus ojos en quéfase del cuelgue o del mono están. Lo recuerda, pues conoce casi todos losestados por los que se pasa, desde el chute, como inicio del alucine, hasta lacercanía a la perdida de la conciencia. Por eso no sabe por cuánto mássoportará una vida sin heroína. Ya que no se engaña a sí mismo, no le importanni la cocaína, ni el speed, ni cualquier otra supuesta droga dura.
Es como si jugara a poner aprueba su resistencia entre jeringuillas, agujas, metadona y demás demonios,incluidos algunos pacientes, dispuestos a penetrarle hasta lo más hondo de suconciencia o de su cuerpo. Quizá sea ese peligro que corre, esa tentaciónadictiva, lo que hace que no se plantee dejar por una larga temporada elvoluntariado en la clínica. No lo tiene claro.
Por ahora, en el tiempo libre quele dejan los pacientes y sus delirios, se dedica a leer poesía y a escribirlacuando no hay nadie mirando. Nadie que pueda descifrar que la nostalgia que seoculta detrás de sus versos no es más que la tentación por volver a probar unpoco de esa mierda que tanto placer da. Ni el sexo crea tanta dependencia. Parecementira, piensa Will mientras ve como dos enfermeros cargan con otro muerto desobredosis sobre una camilla y se lo llevan en una ambulancia. Uno más de esosque acabará en un tanatorio sin visitas y sin dejar apenas rastro de quién fue antesde sacrificar su vida por el placer puro que sólo esa basura puedeproporcionar.
Bendita seas, escribe Will, ydeja el cuaderno y el bolígrafo para salir a fumar marihuana a la calle eintentar olvidar otra vez las ganas que le corroen las entrañas.

3 comentarios:

  1. Estos relatos no te hacen bien, ni a mi, yonkis en la ficción!

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  2. Llevo casi dos décadas trabajando en hospitales, y he visto de todo. Y aún así, tu narración resulta más horrible que mucho de lo que he visto.

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  3. ersebeth... mientras sea en la ficción podemos seguir enganchados sin miedo.

    Preste... gracias por el comentario, aunque reconozco que el calificativo "horrible" me ha descolocado un poco.
    Quizá la ficción en casos concretos supere a la realidad... Saludos.

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