miércoles, 7 de septiembre de 2011

Joaquín Passos, en la antología de poetas centroamericanos "Pájaro Relojero"


Joaquín Passos fue el miembro más joven del Movimiento de Vanguardia, iniciado por Urtecho.
Es considerado por muchos el poeta más grande de Nicaragua después de Rubén Darío, algo que resulta bastante significativo teniendo en cuenta que tuvo una muerte prematura y que su obra no parece ser demasiado extensa. No seré yo quien le quité el honor que otros tantos le han dado, por supuesto.
Como muchos, o todos sus compatriotas contemporáneos, luchó contra la ocupación norteamericana que acabó imponiendo la dictadura de la familia Somoza, que duró casi cuarenta años.
Me resulta curioso que en la antología “Pájaro relojero”  apenas se hagan referencias a la biografía de este señor, sobre todo porque lo poco que dicen es prácticamente que es y/o fue el más grande de los poetas de su generación… en fin, cosas de prólogos y ediciones que nunca entenderé.
Murió a los treinta y siete años. (Granada, Nicaragua 1914-Managua 1947)
De su poesía se puede decir poco, pues habla por sí misma (aunque ¿qué poética no lo hace?), se nota que si hubiera vivido algunos años más, habría dejado obras igual, o más memorables aún que su poema “Canto de guerra de las cosas”, que me parece tremendo y exquisito.
Está claro que el alcoholismo no siempre perdona… De todas formas, como el bueno de Bukowski, quizá sin sus adicciones, no habría podido escribir lo que escribió. (Vivan las redundancias).
Dejo aquí una pequeña muestra de su obra, seguro que me dan la razón de que sobran las palabras.


De Poemas de un joven

Canto de guerra de las cosas (fragmento) 

[…]

Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
Con el hueco de un corazón fugitivo,
Con la sombra del cuerpo,
Con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
Con el espacio vacío de una mano sin dueño,
Con los labios heridos
Con los párpados sin sueño,
Con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del resentimiento
Y el narciso,
Con el hombro izquierdo,
Con el hombro que carga las flores y el vino,
Con las uñas que aún están adentro
Y no han salido,
Con el porvenir sin premio, con el pasado sin castigo,
Con el aliento,
Con el silbido,
Con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de líquido,
Con el último verso del último libro.
Y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.

[…]

Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces.
Pájaros muertos, árboles sin riego.
Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo.
No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,
Y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.
Tú, que viste en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,
Tú, la invitada al viento en fiesta,
Tú, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas,
Tú, que miraste a un caballo del tiovivo saltar sobre la verja
Y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen los niños de la escuela,
Asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

[…]


Los indios ciegos

Abramos un camino en el aire,
Para mirarnos,
Busquemos un rincón en el aire
Para acostarnos.

Sin luz en el cuerpo
Sólo con fuego.
Este color de sombra tiene tu cara.
Este color de sombra es la sombra de tu alma.
Abramos un camino en el aire
Con tu brazo.
Si no te ven mis ojos, que te vea
Mi carne.

¡Ah! No tenemos luz en el cuerpo.
Tenemos fuego.

4 comentarios:

  1. Me alegro!! gracias por los comentarios :)

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  2. me siguen gustando tus poemas cada dia escribes mejor espero que ese corazon bohemio ya tenga alegria jajajaja un saludo grande

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    1. Gracias! Las alegrias van y vienen, como tu ya sabras ;-). No estaría mal saber quién se esconde tras el anonimato, por cierto. Un saludo!

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