viernes, 21 de octubre de 2011

Si os lo encuentran, os joden, si no... ganáis.


Pequeño "homenaje" al libro Miedo y asco en Las Vegas, Hunter S. Thompson... el libro con el que se inventó lo del periodismo Gonzo... (término que queda claro al leerse el libro). También recomiendo la película, aunque probablemente la mayoría ya la hayáis visto...  con Johny Depp y Benicio del Toro, dirigida por Tony Grisoni y Terry Gilliam... en fin, que es una historia que hay que conocer ;)

***

Llega un día en la vida de todo hombre en el que se da cuenta de que, quizás, no habría sido un error replantearse algunas cuestiones de su vida, antes de correr riesgos innecesarios. Ese día suele llegar sobre los veinticinco años, más o menos. Aunque he de decir que no les llega a todos al mismo tiempo, ni en las mismas circunstancias. La mayoría de veces, se da de forma más intensa en los consumidores asiduos de drogas. Llevar años colocándose y viajando con todo tipo de sustancias, hace que te vuelvas un confiado, no sólo respecto a tu salud sino con factores externos y, a veces, más dañinos que el propio consumo abusivo de sustancias tóxicas (por llamarlas de alguna manera), digamos… la policía.
Que te inviten a una fiesta en la que te aseguran que habrá chicas, alcohol y ganas de gozar, siempre es un buen plan. Que vayas emocionado a la casa de tu camello habitual a por lo de siempre y que él intente disimular que le caes bien, sonriendo y preguntando cuál es tu plan esa noche y tú le cuentes una verdad a medias, es inevitable.
Por supuesto no puedes saber que ese día va a ser diferente. Ni te lo esperas. Vas en el coche a la velocidad que se te antoja. No te falta ni marihuana, ni cocaína, ni ron. La gente te espera en una casa a las afueras del pueblo donde vives. Has llamado para asegurarte de que hay chicas y  ganas suficientes, para ir motivándote, con esa idea en la cabeza, por el camino. Para esto quizás fumar marihuana no sea lo más adecuado, pero a quién le importa… ni la índica más potente podría doblegar tu voluntad de acabar esa noche teniendo experiencias casi místicas de sexo y fiesta.
Es entonces cuando la sorpresa que tu devenir parecía tener preparada, hace su aparición. En  una de las rotondas de paso obligado, hay un control antidroga (y armas), de la guardia civil. Tus ojos como platos. Y tu colega en el asiento del copiloto tratando de pensar un buen plan para poder escapar… pero no lo hay. Los dos maldiciendo la suerte de cada uno, deseando no llevar nada de esa mierda encima y tratando de no sudar, ni empezar a temblar como novatos.
La única opción posible es guardar toda la mierda dentro de los calzoncillos y esperar a que los policías no tengan la audacia necesaria, para que se les ocurra palpar demasiado las partes nobles de vuestros drogados cuerpos.
El riesgo ya no es un riesgo, es una realidad. La policía está registrando de arriba abajo el coche y se puede ver al otro lado de la rotonda, dentro de otro coche detenido, cómo un pastor alemán husmea el maletero y los asientos, buscando todo lo que su jodida nariz súper sensible pueda encontrar. Ahí es cuando de verdad empieza el temor a ser descubiertos… un perro para detectar las drogas, nunca os había pasado y creéis que de ésta no salís. Pero, armándoos de un valor inesperado, decidís no declarar que vais bien cargados (por lo menos 4 gramos de coca y unos cuantos cogollos de maría). Si os lo encuentran, os joden, si no… ganáis. O al menos eso es lo que os repetís a vosotros mismos, mientras veis como se acerca el perro hasta vuestro coche y empieza su misión detectivesca…
Pero claro, el destino no existe… todo es una casualidad y sabéis de sobra que vuestros planteamientos de dejar de consumir mierda no van a durar más de dos días… o más bien, lo que tardéis en llegar a donde os esperan; porque la policía no os registró bien y al jodido perro se le notaba a leguas que era su primer intento real de detectar algo; porque no lo consiguió ni pasando a vuestro lado mientras os fumabais un cigarrillo confiados en que el azar os volvería a sonreír, como siempre…


4 comentarios:

  1. jajaja... sí... una multa que se ahorran los muchachos ;)

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  2. La gente no suele tener tanta suerte, el consejo de la abuela para estos chicos es: tiradlo todo por la ventana en cuanto veis los pirulos encendidos...y al día siguiente, con un poco de paciencia y cruzando los dedos, id a la luz del sol a buscar el botin abandonado. (Lo gracioso es que yo nunca he tenido que hacer nada parecido jamás) XD

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