jueves, 28 de octubre de 2010

Infancia borrosa II

Un niño sabe más de lo que dice;
le importan menos las palabras
que la risa y los juegos de sudor:
Peleas y heridas, dulces heridas 
amorfas; de sal, polvo y piedras.

Cuando un niño se esconde,
entre pinos salvajes
que silban oscuras melodías,
con destreza lo encuentran
el miedo ingenuo y los ojos vacíos
que anhelan volver a llorar.

Es un juego el movimiento del día;
su lento desvestir hasta ser noche;
para un niño alegre no significa nada;
solo es la vida que cambia
de ropa, de suerte, de días y de ojos
-las estrellas-

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