martes, 16 de noviembre de 2010

Un personaje


Un intelectual. De esos que parecen no cansarse de estar callados y amargados. A los que nadie sabe  nunca cómo tratar, pues su seriedad enigmática, de gracia compleja y rebuscada, les hace parecer pensativos y lejanos.
Pero tiene otra cara; en el extremo opuesto de su silencio aturdidor, donde el equilibrio se encuentra a sí mismo, donde la alegría se dibuja en las arrugas de la cara, cuando se siente el intelectual parte de su entorno, pues el caos del cosmos (de su cosmos espiritual), le concede algunos momentos de dicha, de arcanos descifrados con el amanecer, purificados con el sol; cuando sonríe, y toda su existencia parece cobrar sentido.
Todo resumido, comprimido, incrustado en la mueca de una sonrisa, sincera y  no menos enigmática que su rostro apático en la seriedad. Sonrisa que embruja y atrapa, seduce e intriga, se contagia y asusta, se clava y pervierte, que sólo se muestra un instante, para que el intelectual, lleno de remordimientos, vuelva a su guarida, al refugio de sus pesares, al rincón secreto de sus obsesiones; a pensar  que la esperanza cobra vida propia, y un significado crucial, en los días en que traspasa la frontera de su exilio y se contagia de alegrías.  A creer que lo mejor sería apagarla y  perderla, y conseguirlo sólo hasta que vuelva a resucitar por sí misma.

2 comentarios:

  1. No sé quién es ni dónde está, pero me pone el intelectual.

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  2. De momento yo también sólo sé eso sobre él; tal vez con el tiempo descubra más cosas. Gracias por pasarte por aquí, Asolada. Un saludo.

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