martes, 22 de marzo de 2011

Primos

Dan es mi primo, sólo unos meses más viejo que yo. Es un conquistador y un hombre listo. Sabe aparentar y engañar a la gente, sobre todo a las mujeres. Hoy tenemos que dormir al aire libre. Exagero, dormiremos en su auto. Nos están persiguiendo por habernos metido donde no nos llamaban; por haber metido ciertas partes de nosotros en unas chicas que nos llamaban al vernos pasar y que resultaron no ser las más convenientes. D sigue dormido. No sé cómo lo hace. Yo prefiero quedarme atento por si viene alguien, con todo lo que tenemos detrás me resultaría imposible dormir.
El problema real es que la mara*  vaya a cuba* a buscarnos y se empiece una pelea por algo tan ridículo. Pero se lo toman muy en serio cuando se trata de la novia de alguno de ellos, o de la novia y la hermana de uno de sus jefes, como en nuestro caso. Nadie tiene la culpa de que no se negaran a nuestra invitación para llevarlas a su casa, pasando primero por la nuestra. Se podría culpar a la mala suerte, por permitir que las vieran bajarse del auto cuando las llevamos lo más cerca posible de su casa visto desde la prudencia. Pero nos vieron y no tuvimos más remedio que salir corriendo.
-Deberíamos irnos al norte y olvidar toda esta porquería.- Dice D, incorporándose. No sé muy bien qué contestarle, estoy concentrado en el cuaderno, el lapicero, la cerveza y la marihuana.
-¿Se acuerda de cuando éramos niños,-sigue- lo bien que lo pasábamos divirtiéndonos con cualquier cosa y sin miedo de que nos matara algún cabrón porque pierde una tuerca? Ahora tenemos que tener cuidado de no ir a una zona o a otra. Toda esta escoria de las maras nos está matando, poquito a poco, a todos. Y a nosotros nos llegará la hora si no hacemos nada, primo. ¿No piensa igual?
-No es tan fácil primo, no tenemos mucha plata y habría que ir a la casa para tener ropa para llevar, o comida. No podemos salir así nada más.- Le contesto mientras le paso el cigarro de mariguana. Mi respuesta no parece hacerle ningún efecto. Se acuesta sobre su asiento, reclinándolo y fuma con ganas. No tengo que preguntarle por lo que piensa, sé que me lo dirá en cualquier momento. Yo sigo escribiendo; algunas ideas vuelan en mi cabeza y pienso cazarlas para volverlas tinta.
-Nunca me olvido de cuando íbamos a perdernos a los cerros, -como esperaba, acaba contándome lo que piensa- siguiendo los arroyos, buscando pitahayas o guayabas. Eso era libertad, primo. ¿Se acuerda de su prima, Juana, cuando se vino con Brenda y con nosotros a hacer un trabajo de recolección de insectos, o algo parecido? Acabamos cogiendo en el monte, yo creo que ni sabíamos qué estábamos haciendo. Pero fue como un sueño, una fantasía hecha realidad, y con 12 o 13 años. Si se lo contamos a cualquiera ahora nos tendrían envidia. 
Tenemos que irnos a Los Ángeles. Hasta allí no nos seguirían los maricones de Zaculeu* y podemos empezar una vida libre otra vez, seguro que encontramos trabajo y mujeres para no aburrirnos. Piénselo, primo.

La idea me tienta. Un viaje largo, el viaje perfecto para inspirarme y escribir, y una posible solución a un linchamiento inevitable.
La vida supera la ficción, no sé quién lo dijo, pero tenía algo de razón.


***

Mara: pandillas callejeras, por lo general bastante violentas que se agrupan por barrios, o zonas. Muy comunes en centro américa.
Cuba: por alguna extraña razón así se le llama a la zona 12 de Huehuetenango (mi ciudad natal en Guatemala), la mara de allí son los Cubanos. Yo fui (o tal vez soy) un cubano.
Zaculeu: Otro barrio de mi ciudad, este pertenece a la zona 10, el nombre lo toma de la ciudad Mam de Zaculeu, que se encuentra en esa misma zona.

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